Una salida fácil

Hemos luchado por llegar al sitio donde actualmente nos encontramos, nos hemos esforzado a cambio de tener una satisfacción personal.
Siempre resulta gratificante poder decir: “¡Lo logré!”. Y más gratificante es, si ese logro es producto de un esfuerzo limpio, propio, que las ayudas recibidas fueron otorgadas con la voluntad de quien las dio y no arrebatadas a la mala.
Un logro alcanzado pasando por encima de otros no puede ser satisfactorio, aunque sea un sueño alcanzado, siempre habrá alguien que se quede con un mal sabor de boca, con una lastimadura, con la sensación de que se aprovecharon de su buena voluntad.
Pero, además de sentir algunas satisfacciones con nuestro esfuerzo, siempre queda una sensación como que no acabamos de llegar a donde queremos, como que otros se adelantan por medios poco recomendables, como que a la a la mala es mejor y fácil.
Es muy común escuchar comentarios sobre el triunfo de alguien, siempre se pone en duda la capacidad del triunfador para hacerlo limpiamente y se comienzan a urdir historias descabelladas en cuanto a lo que se tuvo que hacer para llegar al sitio logrado.
Nadie queda libre de ese procedimiento. Dicen que es común en los mexicanos.
También, nadie cree que alguien haya podido alcanzar sus metas limpiamente, siempre se pondrá en duda eso.
Pero, sin lugar a dudas, las capacidades existen y se ven.
No se pueden ocultar las habilidades de una persona que llega al éxito gracias a eso, que se enfoca y se prepara para lograr lo que quiere a través de su esfuerzo. Sin embargo, a pesar de ello, en este país se le satanizará.
Ejemplos hay muchos, de mexicanos que de plano decidieron irse del país, porque la vida se les hizo imposible aquí.
Pero hay muchos que reptan para alcanzar la cima. Que no les importa humillar o destruir a quien se atraviese en su camino, que no les importa de quien se trate.
Y se pueden ver, exitosos, gozando de comodidades, disfrutando de los placeres de la vida fácil, pues encontraron la forma de colocarse sin esfuerzo, aprovechándose del trabajo de otros, del dinero de otros, de las habilidades de otros.
A cambio, serán rastreros con aquellos de quienes dependa su bienestar, lo demás no importará. Se humillarán con el que paga y serán déspotas y crueles con quienes queden debajo de su posición.
Así, logran un equilibrio que les permite seguir con su modus operandi.
Es la lógica de los líderes sindicales que han operado por estos rumbos. Dicen defender los derechos de los trabajadores, pero los humillan al no recibirlos, los ningunean y los relegan, mientras que son dóciles y obedientes con el patrón a quien dicen enfrentarse por sus compañeros.
La suerte es que no son infalibles ni eternos. Siempre habrá alguien que les ponga un alto, finalmente son cobardes.
Hoy, que se pondera mucho el esfuerzo personal para poder salir de un atraso histórico de nuestro país, es importante que se vuelva al dar importancia a los valores éticos que se dejaron de lado en la enseñanza básica.
De pronto como que se olvidaron de algunos detalles que, al cultivarse se daba un encanto especial a las personas, el respeto se ha relajado y es muy fácil traicionar sin que se tenga el menor remordimiento.
Entre amigos y parejas, ese respeto se da y se quita como cualquier cosa, se cambia de bando sin miramiento alguno, sin importar todo lo que se hizo para que ese bando abandonado haya alcanzado un lugar especial, se deja de luchar por lo logrado y se abandona, ya no importa, ya no sirve, entonces se va a la basura; así no se consolida nada, no se echan raíces y se llevará una vida ‘light’, carente de fuerza, se pasará de proyecto en proyecto sin lograr nada firme, sin determinar exactamente qué es lo que se está buscando en la vida. Se involucrarán otros personajes, pero el criterio propio dependerá del que pague más y en cuanto deje de pagar, no habrá sustento y se buscará otro y otro y otro, sin lograr nada, aunque se esté lleno de riqueza.
No se consolidarán lazos de afecto con la familia, los hijos verán a un padre vacío y serán como él, vacíos.
La vida ‘light’ ha llegado para quedarse, sin tradiciones, sin arraigo, sin valores.
Vivir por vivir, sólo porque se tiene vida, sin objetivos. Persiguiendo quimeras impuestas por una cultura dominante, alejada de nuestra realidad.
Pero llega el momento en la vida de los humanos en que la soledad hace presencia, se siente ese vacio en el alma y se comienza a buscar un refugio. Una dieta para vivir más sano, una religión, algo que dé paz espiritual, cuando se tuvo la oportunidad de lograrlo paso a paso, a través de la vida misma, no se hizo; pero esa vida llena de altibajos, de felicidad y tristeza, de éxitos y fracasos, ese es el equilibrio.
Porque vivir siempre en la cumbre, sin haber escalado, se corre el riego de caer sin saber a donde se llegará, el riesgo es perder todo lo que se consiguió, quedarse sin nada, sin nadie.
Los pesares atacarán en medio de una soledad abrumadora, el peso de lo hecho será un martirio y como siempre, se buscará la salida fácil para dejar se sufrir.
Piénsalo; sin trabajo no hay éxito. “Eso” que te llenó de orgullo porque te resolvió el inmediato problema, no es éxito, éste requiere de todo un historial, de un proceso lento y hasta desesperante, de valores, de ética y, al final es una sensación de paz, de haber cumplido.

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