Thursday, February 22, 2007

Hombre de bien


Cada mañana una nueva esperanza llega junto con el amanecer, los primeros rayos del sol traen consigo la ventaja de estar ante un día inédito, que se irá llenado con cada una de nuestras actividades y se debe tener cuidado de no llenarlo con rutinas aburridas.
Por eso, a partir de hoy digo que soy el ser más importante del día, el que tiene muchas cosas por hacer, quien tiene para sí solo el amanecer y para ir inventando las cosas que llenarán la historia de este día, que en alguna ocasión contarán los nietos, como la hazaña del héroe aquel que fundó su familia.
Hablar en primera persona será de ahora en adelante el pan diario, yo como centro del Universo, como único e irrepetible que se da a la tarea de construir la vida con todos los elementos que están ahí, para todos y que basta sólo con estirar la mano y tomarlos, porque así es la naturaleza, simple, pura y para todos.
Son los humanos quienes han complicado la simpleza de vivir, llenando de rutinas y obligaciones cada hora, cada día y los meses y los años y hemos atiborrado de problemas la existencia, como si esa fuera la misión de los hombres, complicar todo para parecer inteligentes y audaces, para sentirnos como los amos de la Creación, para llenarnos de presunción, de vanidad y orgullo.
Para presumir ante otros humanos los avances de la tecnología, esa con la que ahora me dirijo a todos, para revelar los secretos que la naturaleza nos ha dado, para utilizarlos en beneficio de la frivolidad y la banalidad.
Así estamos viviendo, creyendo que se puede vivir en paz y que hay cosas que tienen más valor que el dinero, el poderoso caballero que compra conciencias, dignidades y orgullos, valores puestos al mejor postor.
Por eso, soñador me dicen, iluso. Gente que no pasa más allá de sus ensoñaciones y que no produce más que problemas y deudas.
Soñador me han llamado. Vivo sumergido en palabras, ideas y proyectos inconclusos, pero llenando cada día mi espacio con la seguridad de vivir con tranquilidad.
Soy como la garza de Nervo que transita por el lodo sin manchar sus blancas plumas, como los versos tristes de Neruda ante la noche estrellada.
Cada paso va lleno de trabajo, esfuerzo sacado del hálito divino dado desde primer instante de mi existencia.
Mi rumbo es hacia la luz, que no se ve sino hasta el momento mismo de entregar cuentas finales, por eso procuro ir lo más ligero posible, sin lastres, sin cola exagerada, con mis logros bajo el brazo, con los daños causados a los demás, para que el gran Juez determine si he sido un hombre de bien.
También cargo heridas y cicatrices, golpes bajos, traiciones, magulladuras que se van recogiendo en el tránsito vivencial que, a pesar de los esfuerzos por hacer las cosas “bien”, otras voluntades decidieron entorpecer, lastimar, ofender… pues no vamos solos en esta aventura de vivir y de morir. Nos rodean los demás y entre ellos van quienes serán compañeros, amigos, enemigos, familiares; entre ellos se encuentra con quien se junta la simiente para contribuir a conservar esta especie de seres humanos.
Y muchos de esos seres señalan con índice de fuego, se erigen en jueces, en críticos implacables, en verdugos.
Decidirán sin consentimiento, que hacer con tu vida o como sacarte del camino, o como cerrarte los ojos.
También hay quien verá la forma de que se vaya bien, dan ayuda de todo tipo, ofrecen lo mejor de sí para que otro pueda vivir sin tanto sobresalto. Hay héroes y villanos, buenos y malos.
Y aquellos que muestran el camino e indican la ruta que dará bienestar total, son los imprescindibles que Bertold Brecht menciona.
Cada quien decide el rumbo que llevará durante el resto de su vida, todos queremos estar en el equipo de los triunfadores y pareciera que no hay espacio para todos. Cuando esa percepción cunde, es señal de peligro, pues quien así lo sienta comenzará a sembrar la semilla de la discordia, de la separación. Llamará a los valores negativos, esos que llenan de zozobra el alma y los hará sus aliados.
Y todo forma parte de la vida y nunca se pueden atender todos los frentes, así de pronto, aparece ante los ojos el ser que subyuga y no se le ve el veneno que mata.
Pero es la vida, vivirla es el gozo más grande que se haya dado a los hombres y mujeres.

Saturday, February 03, 2007

El tiempo acaba con todo

El tiempo se va comiendo todo, con calma, despacito, va dejando nada en los espacios donde pusimos la vida.
Ese sarcástico fenómeno que no se ve, pero aniquila para dar paso a lo nuevo, nuevo que desde su primer momento comenzará a sufrir la tortura del tiempo, el viejo tiempo, el de siempre, el que no perdona, el que va más allá de la voluntad de Dios.
Y es que cuando la vida comienza, se ve un inmenso camino recto que pareciera no tener fin; lo nuevo no siente su tránsito por el tiempo hasta notar que el ciclo termina y aquellos valores formados, construidos en el transcurso, deberán ser negociados en condiciones desventajosas.
Como una ironía, el tiempo da vueltas y regresa al punto de partida; pero el sitio no está ahí o no es el mismo.
De aquella necesidad de protección, de aquellos cuidados infantiles, dados con ternura e ilusiones, pasamos a ser independientes, a buscar un lugar en el mundo, a perseguir sueños, a sentirnos dueños del universo, a construir la vida propia, a justificar nuestra estancia en este lugar prestado.
Vamos dejando historia en el camino, se alcanza cierto grado de importancia, se toman en cuenta las opiniones y hasta consejos se dan; es decir, uno es necesario.
Hasta que las alas de los demás crecen, hasta que se sienten los dueños del universo, son independientes y salen solos a buscar su lugar en el mundo a construir su propia vida, a comerse el mundo de un solo bocado.
Ese tiempo que en un momento se nos hizo poco, de pronto cada minuto es tan largo, que se siente como el aire se acaba antes que los sesenta segundos.
En ese trance, muchos olvidamos prepararnos para dejar de ser eso y volver la vista a la calma.
Sin embargo, llegado el momento, buscaremos otra vez el regazo que nos dio calor y protección en los primeros instantes, es como una necesidad de los humanos, protección y cuidados en los extremos de la vida.
El tiempo nos envuelve poco a poco, cada día, como una gran serpiente va apretando sus anillos hasta hacer que la respiración se dificulte, que los pasos se hagan lentos, que la mirada sea débil...
Y nadie alrededor nota lo que está pasando, no se escuchan los gritos; los demás se fastidian con las quejas y las lágrimas son un recurso que no ayuda mucho.
Es el momento de estar solo y uno ha vivido sin saber, sin imaginar lo que puede ser la soledad, hasta que ella empieza a aparecer día a día ante nuestros ojos, en el rostro lleno de tiempo acumulado, esperando ver llegar a un hermano para recordar a mamá, pero jamás vendrá de visita.
Como consuelo queda el recuerdo de las grandes hazañas, de los momentos intensos y felices que nos tocó vivir, los amigos, las amigas, las canciones que ahora son antiguas pero que suenan a la juventud perdida.
El tiempo se va comiendo todo poco a poco, pero habemos muchos que tenemos la ilusión de que a nosotros jamás nos tocará, sentimos que la fuerza de nuestro cuerpo es eterna y la belleza física nos acompañará por siempre. Llegamos a creer que podemos comportarnos como niños o como adolescentes o como el mejor momentos de nuestra vida y nos olvidamos de rendir el tributo a la vida misma, de plantarnos con humildad y agradecer este maravilloso momento que nos prestaron para florecer, para ser útil, para ser protagonista.
Muchos despilfarramos el tiempo y luego, demasiado tarde, queremos vivir en el tiempo de los demás, como parásitos desfasados.
A pesar de que nos mandan dotados de todas las herramientas para comprender y disfrutar nuestro paso por este tiempo, nos empeñamos en creer que la vida de otros es la nuestra propia y así pasamos el tiempo hasta que llega el momento de rendirnos cuentas a nosotros mismos, de responder a nuestra propia conciencia y, entonces...

Sueño que vuelo


Surco mis espacios con la velocidad que indican mis sentidos, a pesar de la importancia del ámbito donde sobrevivo, dejo de lado obligaciones y me lanzo a la aventura; esa que no pruebo desde hace décadas y que fue la fiel compañera, dadora de experiencias y emociones grandes, dejando huellas en el cuerpo, cicatrices que son la muestra real de haber vivido intensamente.
Esta vida me ha tocado vivir, sin pedirla, sin buscarla, llena de sueños y esperanzas, de mentiras y verdades, de ilusiones y realidades duras y placenteras, paso a paso la he soportado y gozado.
No he tolerado grilletes ni rejas. Las jaulas quedaron eliminadas de mi forma de vivir, por eso siento que los pájaros y las nubes son mis aliados incondicionales.
El aire de las celdas es viciado, se enrarece con la rutina, se contamina y enmohece con las tradiciones, con las quejas y los dolores que genera el encierro; por eso salgo al viento y me monto en sus silbidos, que me lleve donde vaya, que me azote en las palmeras y me deje mojar en las olas del mar.
Esa fuerza que generan los árboles y las selvas, los ríos y las montañas nunca es igual en otro instante, cambia, es otra cada vez que respiro.
Vuelo. Mis alas están hechas de ganas, de voluntad férrea, se alimentan de sol y de estrellas, de rayos y tormentas y surcan velozmente todo lo que el universo cuenta, esa es la libertad, porque no se puede vivir esclavizado a otras voluntades, porque no se debe vivir la vida de otros, porque el mundo es mío, sólo tengo que estirar la mano y tomarlo y llevarlo donde mi corazón indique, esa es la libertad.
Dejo que mi cuerpo se llene de mundo, que el aroma de la selva penetre hasta las entrañas y estremezca las tripas y libere los poros de eso que transpiran los seres negativos y se queda en la piel como contagio maligno.
Dejo que alma se llene de cantos, de paisajes, de luces matutinas y vespertinas, que el sonido de los ríos me arrulle y el estruendo de las cascadas me despierte.
Dejo que mi vida entera se desparrame por todo lo escarpado de las cordilleras y se meta en las profundidades del planeta, que la oscuridad de la noche me enseñe los misterios y la luz de las mañanas muestre el esplendor de este mundo que me tocó vivir.
Sueño que vuelo. Aunque mi realidad indique que deba poner los pies en la tierra, y la sociedad me llene de responsabilidades, deberes y tareas diarias para ser “alguien” y tener “nombre” y “prestigio” y así poder ser “importante”, dándole valor a papeles, mientras las hojas del otoño se dejan llevar por la brisa para gozar de sus últimos momentos.
Sueño que vuelo, vuelo, voy por el aire, ese elemento invisible pero real, como la verdad que nadie ve pero que existe y duele.
Es mi escape.
Me elevo por encima de todo y observo todo desde otra perspectiva, una certidumbre de estar más allá de todo otorga una sensación de alegría, de embriaguez que me aleja, me pierde, me lleva por caminos que ningún mortal podrá seguir si no pone imaginación en su alma, por eso me llena de orgullo saber que puedo volar, remontar el viento para ver oler, probar y sentir más allá de lo humano y lo social, para dejar de ser un número, un empleado, un obrero, un agachado, sometido, esclavizado; para ser libre.Vuelo y las miradas ancladas a la realidad me llaman loco, irresponsable, desobligado; pero mi sangre corre a la velocidad de mis instintos y a pesar de ser uno más en este lugar de estadísticas, soy único, irrepetible y... ¡libre!

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