¡No tienes derecho!

Alguna vez pasaste por este camino que hoy notas intransitable, la maleza lo ha cubierto y las piedras que antes sorteaste hoy te parecen demasiado grandes y filosas, como un insalvable obstáculo, como un enorme reto que te niegas a aceptar.
Hoy el destino te acomoda otra vez en la misma encrucijada donde comenzaste tu vida, hoy tienes la oportunidad de no cometer los errores que no viste la primera vez, un poco de reflexión basada en la experiencia adquirida podría indicarte los yerros que vienes cargando desde entonces y que siempre preguntas ¿por qué a ti?
Pareciera que nunca caminas hacia atrás y que cada día el horizonte es diferente, con nuevas aventuras, y paisajes distintos cada vez. Pero no puedes descubrir por qué hoy, precisamente hoy estás como al principio; viendo la misma vereda pero envejecida y descuidada.
Esa es tu vida. Cada piedra que al principio salvaste, nuevamente se acomoda frente a ti y la ves imposible; ahora te complicas, cuando afirmas que la seguridad es tu aliada y la suerte te acompaña desde siempre. Sin embargo, una duda taladra tu mente y te niegas a seguir. Sientes en tu espalda correr un hormigueo caliente, pareciera que tus oídos estallarán y la garganta arde; síntomas de la indecisión. Te arrepientes del pasado. Tu historia comenzó como una aventura sin límites, sin autoridad ni freno. Solo con tu voluntad para hacer a tus anchas lo que quisieras, pero hoy las cosas son diferentes, por que a pesar de tu visión absoluta, como si el destino del resto de la humanidad fuera de tu propiedad.
¡Cuidado!, es posible que con esa visión estés dejando pasar de largo el verdadero motivo de la historia, la verdadera causa de la Humanidad.
No tienes derecho a poner en riesgo la seguridad de otros sólo porque sientes el llamado de la eternidad y que supongas que algún día la sociedad te lo agradecerá.
Hoy has puesto en peligro la integridad de un grupo que creyó a pie juntillas en ti, que puso confianza y corazón en el proyecto que presentaste, donde involucrabas a todos en búsqueda de un bienestar que se había negado y que con tus palabras convenciste de la posibilidad de lograrlo si todos se mantenían unidos.
Pero algo falló, algo que tú sabes qué es y te niegas a declararlo.
Y ahora que estás en la trampa, te revuelcas como animal herido y todavía pretendes hacer creer que eres el ser que Dios envió a salvar a todos tus seguidores.
No hay mañana. Lo sabes. Y estás jugando el todo por el todo, donde las posibilidades de ver luz en esta batalla desigual, son cada vez menos y, sabes también que desde tu posición, esa de víctima ganadora, puedes lograr que se condonen algunas deudas, que se perdonen algunos errores, a cambio de apaciguar a quienes, creyendo que con su sangre salvarán la causa y dispuestos a inmolarse, puedan llevar TU causa por senderos que no habías previsto y mucho menos autorizado.
Muchos han perdido la confianza ciega que en ti tenían, muchos están desilusionados y otros más ya sienten el cansancio y el desgaste de estar a la espera de que las cosas cambien para bien de ellos. Por eso te digo ¡Cuidado! Estás quedándote en soledad. Tu sonrisa ya no causa aquel efecto que subyugaba a todos los que tenían la suerte de estar a tu lado. El brillo de tu personalidad ya no deslumbra como antes. Algo pasó. De pronto, el peso de tu encanto se fue devaluando hasta que solamente los ciegos y los necios te seguirán en una causa perdida, una causa manoseada por personajes ajenos, enemigos la mayoría y por aquellos que socavaron desde dentro de tu propio cuartel, el objetivo primordial de tu misión.
Y es que cometiste el error de escuchar a los de afuera, dejaste que te llenaran la cabeza con ideas que nada tenían que ver con la promesas que hiciste a tus fieles seguidores, preferiste el halago vacío, las promesas vanas y la riqueza de otros para inflar la causa y te olvidaste que la esencia del movimiento que llevabas desde dentro de tu alma, era precisamente el alma de todos los que formaron tu equipo primario, los que dieron la base real a tu imagen engrandecida.
¡Cuidado! El error es creer que puedes salvarte.
No se trata de dar marcha atrás, se trata de no enlodar a quienes no tienen la culpa de tu soberbia e ingenuidad.
Mañana, tal vez no seamos los mismos.

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